DISCURSO PRONUNCIADO POR EL
COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO
COMUNISTA DE CUBA y PRIMER
MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO, EN EL ACTO PARA DAR INICIO A LA ETAPA
MASIVA DE LA ZAFRA DE LOS 10 MILLONES DE TONELADAS, EFECTUADO EN EL TEATRO
�CHAPLIN�, LA HABANA, EL 27 DE OCTUBRE DE 1969.
(DEPARTAMENTO DE VERSIONES TAQUIGRAFICAS
DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO)
Compa�eros
dirigentes del Partido;
Compa�eros
dirigentes de la agricultura y la industria azucarera:�
A todos nosotros en la noche de hoy nos invade
realmente una emoci�n profunda puesto que durante un buen n�mero de a�os hemos
trabajado para esta batalla que se inicia en toda su fuerza, masivamente, en la
noche de hoy.� Los cortes comenzar�n
ma�ana en muchos centrales del pa�s, pero la batalla en su fase m�s cr�tica
comienza desde este mismo momento (APLAUSOS).�
Arduamente se trabaj� para disponer de la ca�a
necesaria para la zafra de los 10 millones.�
Todos sent�amos el peso del compromiso hist�rico contra�do por nuestro
pa�s y evalu�bamos la importancia de disponer de esa ca�a al comenzar esta
zafra.� Y es un motivo grande de
satisfacci�n poder asegurar en este momento que disponemos de la ca�a necesaria
para los 10 millones de toneladas de az�car (APLAUSOS).� Esas cifras han sido minuciosamente
analizadas en todas las provincias, y con criterios m�s bien conservadores.
�De cu�nta ca�a disponemos?� O mejor:� �Cu�nta ca�a necesitamos para
completar los 10 millones?�
En esta primera parte de la zafra, durante los meses
de verano, se produjeron 126 000 toneladas de az�car.� Necesitamos 7 300 millones de arrobas de
ca�a, con rendimientos de 11,75, para alcanzar la cifra de los 10 millones.� El rendimiento de 11,75 es un rendimiento que
podemos considerar conservador.�
Si analizamos los rendimientos en a�os pasados despu�s
del triunfo de la Revoluci�n, ten�amos:� en el a�o 1965 un rendimiento
acumulado de 11,94; en el a�o 1966 un rendimiento acumulado de 12,09; en el a�o
1967 un rendimiento acumulado de 12,05; en el a�o 1968 un rendimiento de 11,97;
y solo en el a�o 1969 un rendimiento por debajo de 11,75, es decir, en 1969 un
rendimiento de 10,84.� Una serie de
factores incidieron en este bajo rendimiento:� principalmente debemos decir que
problemas de ca�as atrasadas, problemas en la industria y a la vez la
circunstancia de que no hab�a ni ca�as quedadas ni ca�as de fr�o, que realmente
se trabaj� con reto�os que comenzaron a crecer en el mes de mayo, que se
iniciaron las lluvias despu�s de larga sequ�a.�
En esta ocasi�n existe la circunstancia de que la
zafra ser� m�s larga que cualquiera de los a�os mencionados.� Existen algunas provincias que, por las
cantidades de ca�a disponibles, deber�n comenzar con casi la totalidad de sus
centrales en el d�a de ma�ana; es decir, comenzar�n ma�ana los cortes.� Una de esas provincias es la provincia de Las
Villas, que comenzar� con unos 41 centrales de los 44; y la provincia de La
Habana, que comenzar� con 14 centrales de los 16 disponibles.� Dos de ellos comenzar�n algo m�s tarde, por
cuestiones de ampliaci�n.�
Es decir:� tenemos dos provincias que comenzar�n
muy temprano la zafra con el grueso de sus centrales.�
De esas dos provincias, hist�ricamente la provincia de
La Habana ha tenido menos rendimiento de az�car que la provincia de Las
Villas.� Las Villas se ha caracterizado,
junto con la provincia de Oriente, por ser una de las provincias de m�s altos
rendimientos en az�car:�
cuestiones de suelo y cuestiones de clima.� Oriente:� la provincia de m�s altos rendimientos
de az�car hist�ricamente.�
L�gicamente, en la provincia de Las Villas el inicio
de la zafra temprano, con todos sus centrales, incidir� en el rendimiento total
acumulado al final de la zafra.� Lo mismo
ocurrir� en la provincia de La Habana.�
Pero de ninguna forma se pod�a dejar de comenzar en estas dos provincias
la zafra muy temprano, porque de otra forma no podr�an moler todas las ca�as
disponibles.�
En las dem�s provincias, aunque todas comiencen con un
buen n�mero de centrales tambi�n en el mes de noviembre, sobre todo todos
aquellos centrales que tienen excesos de ca�a, la situaci�n ya se hace m�s
favorable.�
Pero lo importante es lo siguiente:� que la provincia de Oriente �que es
hist�ricamente la de m�s altos rendimientos, que ha alcanzado rendimientos de
casi 13� moler� el 85% de sus ca�as desde el mes de enero en adelante; es decir
que moler� el 85% de sus ca�as en los per�odos de rendimiento de az�car �ptimo
y un 15% antes del mes de enero.�
La provincia de Camag�ey moler� antes del mes de enero
un 20% aproximadamente y un 80% despu�s del mes de enero.� Igual m�s o menos la provincia de
Matanzas.�
Es decir que la provincia de Oriente, la de m�s alto
rendimiento azucarero, la provincia de Camag�ey, dos provincias muy importantes
y decisivas en la zafra, podr�n moler el grueso de sus ca�as dentro del per�odo
de rendimiento �ptimo.�
De forma tal que si por casualidad en algunas de las
provincias occidentales �La Habana o Matanzas� estuvieran por debajo de 11,75
en rendimiento por motivo de la cantidad de ca�a que muelen en ese per�odo,
hist�ricamente rendimientos m�s bajos, sin duda de ninguna clase que cualquier
d�ficit en el por ciento de az�car lo compensar� la provincia de Oriente con un
rendimiento que estar� ampliamente por encima de 12, y que en la provincia
aspiran a que sea no menos de 12,75, rendimiento f�sico.�
De esta forma m�s o menos el promedio ser� de un 20%
de las ca�as antes de enero y un 80% de las ca�as despu�s de enero.�
Seg�n los estimados existe ca�a neta, aproximadamente
unos 7 500 millones de arrobas.�
El rendimiento que se pretende es 11,75 f�sico.� En base a 96 ser� aproximadamente 11,90 a
11,95, con base de polarizaci�n 96, que es la cifra hist�rica que se tomaba en
nuestro pa�s y se toma en el mundo para medir las toneladas de az�car.�
Esto significa que el pa�s dispone de ca�a suficiente
para producir unos 10 300 000 a 10 400 000 toneladas de az�car.�
Factores que favorecen el alto rendimiento y que
contrarrestan los efectos de la zafra prolongada y en algunos
casos precoz, es la composici�n de cepa.�
En ning�n a�o anterior, en ninguna zafra anterior dispuso nuestro pa�s
de un nivel tan alto de ca�as, que son de madurez temprana y de madurez
media.� La mayor parte de la ca�a era de
la variedad 2878, casi el 80% era de esa variedad, que es una ca�a de madurez
tard�a.� En muchas ocasiones la necesidad
de cortar en meses tempranos ese tipo de ca�a influ�a en los rendimientos de
az�car.�
Sin embargo, ya en esta ocasi�n la cantidad de ca�a
2878 se ha reducido considerablemente, y m�s del 50% de las ca�as son de
madurez temprana o media.�
De manera que ese factor debe favorecernos
considerablemente en la lucha por los rendimientos.�
Y ahora que disponemos de la ca�a, lo fundamental, lo
decisivo, es hacer una buena zafra.� Es
decisivo.� Es posible incluso que
haciendo una buena zafra los rendimientos de az�car sobrepasen la cifra de
11,75%.� Y esa es precisamente la tarea a
la cual nos enfrentamos de inmediato.�
La experiencia de a�os anteriores, y sobre todo la
experiencia de la zafra de 1969, trajo consigo un gran n�mero de datos, cifras,
experiencias, informaciones, que en todas las provincias se han estado
evaluando y analizando a fondo.� De modo
tal que se conoce perfectamente bien todo lo que ha de realizarse para lograr
una buena zafra.�
No voy a entrar en un an�lisis detallado de todos esos
factores tan estudiados y tan divulgados en todas las provincias.� Pero podemos decir que nuestros trabajadores
y nuestros cuadros dirigentes conocen perfectamente bien los factores
necesarios a fin de lograr una buena zafra.�
Algunos de esos factores tienen que ver con la cuesti�n del corte, el
alza y el tiro de la ca�a; y otros tienen que ver con la industria.�
Debemos conocer la importancia que tienen estos
factores esenciales.�
En lo que se refiere al corte de la ca�a, un primer
factor de extraordinaria importancia es el programa de corte.� Es decir que toda esa ca�a de diferentes
variedades, de diferentes edades, debe ser cortada en cada central de acuerdo
con un programa.�
En a�os anteriores muchas veces esos programas no se
enfatizaban, no se les prestaba toda la atenci�n que requer�an; en muchas
ocasiones se alteraba el programa a lo largo de la zafra.� Y l�gicamente, ese es un punto donde debe
existir durante esta zafra una disciplina rigurosa.�
Se debe conocer perfectamente en cada central �y en
muchos de los centrales est�n marcados con un cartelito� cada uno de los tipos
de ca�a y la fecha de corte correspondiente, y debemos procurar que en todos
los centrales tengamos el cartelito se�alando la fecha en que corresponde
cortar cada campo.� De manera que todos
los trabajadores del pa�s, todo el pueblo, pero muy esencialmente los
cortadores, conozcan con toda precisi�n qu� ca�a debe cortarse en cada momento
y qu� ca�a no debe cortarse por ning�n concepto.�
Naturalmente que ese programa tiene algunas
excepciones:� en algunos casos cuando se
trata de ca�as que hay que cortar para hacer las trochas contra incendio,
algunas alteraciones seg�n el clima, la circunstancia de que pueda presentarse
tiempo seco y algunas ca�as sea necesario adelantar su per�odo de corte.� Es decir, esas reglas tienen sus excepciones,
que los t�cnicos y los dirigentes de zafra conocen perfectamente bien.�
Pero es fundamental, es decisivo, que cada ca�a se
corte en el per�odo correspondiente.� Ese
es un punto de fundamental importancia.�
Hay otro punto tan importante como el que acabamos de
mencionar, decisivo para la zafra, y es la cuesti�n de la frescura de la ca�a:� el tiempo m�nimo
entre el momento del corte y el momento de la molida.�
Todo el mundo �todos los trabajadores, todo el pueblo�
ha escuchado muchas veces que si una ca�a se corta y tarda d�as en llegar al
central, sufre p�rdidas en peso de la ca�a y p�rdidas en los rendimientos de
az�car; todos lo hemos o�do muchas veces.�
Sin embargo, es posible que la inmensa mayor�a ignor�ramos hasta qu�
punto la ca�a atrasada puede afectar los rendimientos de az�car.�
Y aqu� tenemos unos datos que es preciso recalcar, tomados
de un estudio del ingeniero Eliseo Acosta, de la provincia de Camag�ey, acerca
de qu� pierde la ca�a en peso y en az�car por d�a.� En las primeras 24 horas pierde 1,1%, es
decir que si iban a producirse 100 toneladas, se producen ya 98,9; eso es lo que
pierde en peso a las 24 horas.� Y en
az�car pierde un 2%.� De manera que a las
24 horas la ca�a ha perdido un peso en az�car, es decir, ha perdido en
rendimiento de az�car, un 3,08%, a las 24 horas.�
L�gicamente, es muy dif�cil que la ca�a est� toda a las
24 horas, incluso muchas veces la ca�a llega con un per�odo posterior a las 24
horas; es l�gico por la cantidad de ca�a, la necesidad de mantener los
centrales funcionando constantemente.� Y
as�, un d�a, dos d�as y a veces hasta tres d�as resultan imprescindibles para
llevar la ca�a, cortarla y llevarla al central.�
Al segundo d�a la ca�a pierde otra vez, en las
pr�ximas 24 horas, otra vez 1,1% de peso, y otro 2% en rendimiento; de manera
que a las 48 horas la ca�a pierde 6,16% en az�car; a los tres d�as pierde
10,39, a los cuatro d�as pierde 14,54, a los cuatro d�as y medio pierde 16,55,
a los cinco d�as pierde 18,54, a los seis d�as pierde 22,54, a los siete d�as
pierde 25,46, a los ocho d�as pierde 30,31; a los nueve d�as, 34; a los diez
d�as, 37,69.�
Estas cifras son de suma importancia.� Significan que a los siete d�as, una ca�a que
llega con siete d�as de retraso al central, pierde el 25%, es decir, la cuarta
parte del az�car que habr�a producido si hubiese llegado inmediatamente despu�s
del corte.� Y a los 10 d�as pierde casi
el 40%.� Son cifras verdaderamente
importantes.�
En todas esas ocasiones en que por las razones que sea
la ca�a tarda 10 d�as en molerse, sepan, deben saber todos nuestros
trabajadores, todos los que participan en la zafra, debe saberlo todo el
pueblo, que la ca�a pierde cerca de un 40% del az�car que deb�a producir, y que
en siete d�as pierde un 25%.�
De manera que esto por s� mismo, estas cifras por s�
mismas se�alan la extraordinaria importancia de que las ca�as lleguen frescas a
los centrales; la extraordinaria importancia de que no se acumulen cuatro,
cinco o seis normas en el suelo; la extraordinaria importancia de que nunca se
acumulen m�s de dos normas de ca�a en el suelo.�
De manera que estas cifras de normas de ca�a en el suelo son
important�simas, porque cuando se acumulan cinco y seis normas de ca�a en el
suelo, en cualquier central, estamos perdiendo el 40% del az�car.�
De modo que si una ca�a que, cortada, a las 48 horas,
por ejemplo, en que solo ha perdido un 6,16, se lleva al central, y si toda la
ca�a necesaria para producir 10 millones de toneladas de az�car llegara al
central como promedio a las 48 horas de cortada, la ca�a necesaria para
producir 10 millones de toneladas de az�car, con un promedio de 48 horas de
cortada, esa misma ca�a, llegando al central con siete d�as de cortada
producir�a aproximadamente 8 millones de toneladas de az�car.�
Vean qu� diferencia:� entre un promedio de dos d�as y un
promedio de siete d�as, la misma ca�a necesaria para producir 10 millones de
toneladas producir�a solamente 8 millones de toneladas.� Esto, sin contar los inconvenientes que la
ca�a atrasada tiene en el proceso industrial, sobre todo el problema de las
inversiones, del az�car, que crea y multiplica las dificultades en el proceso
industrial.�
Por tanto, es importante que todo el mundo conozca
estas cifras, y conozca todo el mundo la importancia decisiva de llevar ca�a
fresca a los centrales, y de coordinar el esfuerzo y el trabajo, organizarlo y
dirigirlo de manera que estos principios con relaci�n al tiempo de molida de la
ca�a se hagan de manera adecuada y se cumplan estrictamente.�
Estos dos factores, programa de corte y frescura de la
ca�a, son factores esencialmente decisivos.�
Pero a la vez, en el campo todav�a quedan otros
aspectos como es el problema de la ca�a que queda, ca�a cortada que queda en el
campo, y que a veces puede ser un 5%, un 8% � un 10%.� Un 5%, en una zafra de 10 millones de
toneladas de az�car, significa ca�a suficiente para producir medio mill�n de
toneladas.�
A las ca�as que quedan en el campo porque no se
recogen adecuadamente hay que a�adir las ca�as que caen por los caminos y las
guardarrayas y las ca�as que caen a lo largo de la v�a.�
Ninguno de estos factores puede ser desatendido,
ninguno de estos factores puede ser descuidado, porque la suma de esas ca�as
que quedan en el campo o quedan en los caminos o quedan en la v�a pueden llegar a equivaler hasta un mill�n de toneladas de
az�car.�
Son muy importantes tambi�n en el corte las cuestiones
relacionadas con las normas de corte:� el largo de la ca�a, la cuesti�n de
cortar las ca�as bajas, bien bajas; porque tambi�n ah�, peque�os por cientos
que queden en el plant�n, precisamente de las partes de la ca�a que contienen
m�s az�car, influyen notablemente en la cantidad total de az�car a
producir.� Y de la misma forma, la ca�a
que queda en el cogollo.�
Se habl� una vez de la consigna:� ni ca�a en el cogollo ni cogollo en la
ca�a.� Pero se lleg� a la conclusi�n de
que hab�a que enfatizar sobre todo en que no quedara ca�a en el cogollo.� Porque todas esas ca�as que quedan, o en el
plant�n o en el cogollo, constituyen por cientos que cuando se suman se elevan
a cifras considerables.�
Y el cumplimiento de las normas t�cnicas de corte y
alza influye tambi�n grandemente en el proceso industrial de la ca�a.�
Si estos factores se atienden, si estos factores
se�alados se atienden como es debido �el programa de corte, la molida de ca�a
fresca, la recogida de las ca�as en los campos y en los caminos y en las v�as
f�rreas�; si esos factores se atienden, la cifra de 11,75 de rendimiento sin
duda que quedar�a muy por debajo de lo que lograr�amos, a pesar de la
prolongaci�n y el inicio temprano de la zafra.�
Est�n los problemas relacionados con las transportaciones,
importantes, fundamentales.� Porque no
pueden fallar ninguno de estos aspectos:� ni el corte, ni la transportaci�n, ni
el proceso industrial.� Est�n todos los
programas de movimiento de los trenes, la circulaci�n de los carros, de las
locomotoras, el estado de las v�as, y todas las medidas a tomar que han sido
estudiadas, que est�n se�aladas y est�n escritas.�
Y luego, en el proceso industrial, hay tambi�n una
serie de cuestiones, de problemas, que han sido ampliamente analizados con los
compa�eros, y que tiene que ver con la cantidad de az�car que se recobra y que
puede llegar a ser de un 86%, de un 87% incluso.� Ese por ciento de recuperaci�n es muy
importante y est� en dependencia del cumplimiento adecuado y cabal de todas las
actividades en el proceso de producci�n de la ca�a.�
Los compa�eros de la industria estiman que una cosa
fundamental�sima es el control del proceso industrial, es el control de cada
trabajador, del trabajo de los equipos y de las m�quinas correspondientes a
cada uno de ellos a lo largo del proceso industrial.�
Este es un aspecto en que la disciplina resulta
esencial y en que ciertamente en los �ltimos a�os muchas veces se han
descubierto problemas de indisciplina, descuido, negligencia y otras fallas por
el estilo y, en otras ocasiones, inexperiencia.�
Cualquiera puede comprender perfectamente que un
central es una m�quina constituido por una serie de equipos, en que ninguno de
esos equipos, ninguno de esos procesos puede funcionar independientemente de
los dem�s, que un central es como un reloj en que cualquier rotura, cualquier
descuido en una de sus partes detiene el proceso.�
Y en muchas ocasiones hay roturas que se producen por
negligencia, por descuido; problemas que se producen ya no por defecto de las
m�quinas sino por defecto de los hombres que manejan esas m�quinas.�
De manera que los compa�eros de la industria estiman
que el control del proceso y de cada una de las actividades que realiza el
obrero en el proceso industrial es fundamental, al objeto de lograr un
aprovechamiento �ptimo y un recobrado m�ximo de az�car, un m�nimo de az�car en
la cachaza, en las mieles y en el bagazo.�
Est�n todos los problemas de molinos, de calderas, de
centr�fugas.� Tambi�n los compa�eros en
las provincias han estudiado todos esos procesos con mucho detalle, han hecho
estudios, han hecho m�ltiples reuniones y han escrito bastante sobre cada uno
de esos problemas.�
Aqu� la cuesti�n de la disciplina es fundamental.� Es fundamental que cuando un obrero termine
un turno no pase el equipo al obrero que viene detr�s cuando se va a la entrada
del central o en el �mnibus o en una esquina.�
Es fundamental que cada obrero se sienta responsable de su equipo hasta
el momento en que llegue el sustituto de ese equipo y que le informe pormenorizadamente
de todos los datos necesarios y no se marche de su equipo hasta que no llegue
el sustituto.�
Esto a su vez encarece la importancia de la disciplina
y de la asistencia al trabajo y de las consecuencias sumamente perjudiciales
que el ausentismo puede provocar en el proceso industrial.�
La disciplina laboral resulta algo que es necesario
enfatizar al m�ximo, apelando incesantemente al sentido de responsabilidad de
los trabajadores de la industria.�
Porque esta no es una batalla de los administradores o
de los dirigentes:� �Esta
es una batalla de todo el pueblo!� Y cada
obrero, como un soldado, como lo har�a en una trinchera defendiendo el pa�s,
como lo har�a frente a un ataque enemigo, como lo hicieron los combatientes
revolucionarios en los momentos decisivos, debe sentirse como un soldado en una
trinchera con el fusil en la mano cumpliendo su deber (APLAUSOS).�
En esta ocasi�n, como nunca antes, se requiere de ese
patriotismo, de ese esp�ritu revolucionario constante, de todos los d�as.� En esta ocasi�n, como en ninguna otra, hace
falta que nuestros trabajadores den muestra de ese esp�ritu; nuestros
trabajadores que sabemos de lo que son capaces en momentos decisivos, que
sabemos lo que han sido capaces de hacer en los momentos de peligro, la actitud
con que han estado dispuestos a darlo todo en un momento heroico.� Pero en esta ocasi�n se requiere ese hero�smo
callado y silencioso de todos los d�as.�
Sabemos que en el pasado las zafras eran m�s
cortas.� En el pasado los trabajadores
esperaban con ansia el momento del comienzo de la zafra; que por cada obrero
trabajando en un central hab�a muchos obreros esperando la posibilidad o una
oportunidad de poder ir a trabajar a ese central.� Las consecuencias siempre eran muy nocivas
para el obrero que no cumpliera estrictamente las exigencias de los
propietarios de los centrales.�
En la actualidad, hoy, no es el problema de ayer �el
problema del �tiempo muerto�� sino todo lo contrario:� el problema de los brazos necesarios
para manejar esa f�brica. �Hoy ya
pr�cticamente desapareci� hace tiempo el �tiempo muerto�.� Hoy las zafras son zafras prolongadas, e
incluso ya los obreros azucareros, que desempe�aban un tipo de trabajo c�clico,
ya son considerados como obreros de todo el a�o.� De manera que ha desaparecido una de esas
circunstancias que tanto atorment� y que tanto angusti� a cientos de miles de
trabajadores cubanos:�
el problema del �tiempo muerto�, aquella especie de flagelo que
azotaba a los trabajadores de nuestro pa�s.�
Ya no tenemos �tiempo muerto�.� Ya nunca m�s volveremos a tener �tiempo
muerto�.� Ya nunca m�s volveremos a tener
colas de hombres esperando a la entrada de un central.� Ya los obreros de hoy, los viejos que
conocieron aquellos problemas y los nuevos que no los conocieron, no tendr�n
que pasar por esas circunstancias amargas, humillantes, que obligaban a la
disciplina del trabajo como una cuesti�n de vida o muerte.�
Es necesario saber que el problema de esa disciplina
en una situaci�n en que aquellos males desaparecieron, en una situaci�n en que
el obrero es la persona directamente beneficiada o perjudicada por cualquier
falla en el trabajo, por cualquier negligencia, por cualquier indisciplina, por
cualquier incumplimiento.� En esa circunstancia
nada puede sustituir la actitud consciente del hombre, el sentido del deber del
hombre, puesto que la sociedad socialista no puede acudir a los procedimientos
de los capitalistas.�
La sociedad socialista no dispone de aquellos medios
coercitivos, entre los cuales el primero de todos era el desempleo, el hambre y
las terribles consecuencias para el trabajador que no cumpl�a las obligaciones
que le impon�a el capitalista.� No puede
constituirse un dirigente en el lugar y grado de una empresa capitalista, de
una compa��a yanki.� No puede acudir la
Revoluci�n a m�todos coercitivos.�
Por eso la Revoluci�n, la Revoluci�n que libera de
aquellos flagelos, la Revoluci�n que trabaja para el futuro, que trabaja para
todo el pueblo, depende en lo esencial no de la voluntad de los que la dirijan,
�no!, sino de la voluntad de todo el pueblo, de lo que sean capaces de hacer
los propios trabajadores.�
Esto no quiere decir que los cuadros responsabilizados
no tengan el deber de ser exigentes.�
Exigentes no quiere decir amenazar a nadie, exigentes no quiere decir ni
mucho menos castigar a nadie.� Aunque en
ocasiones determinadas cosas indispensablemente deben ser castigadas; pero no
es el castigo, ni puede ser el castigo.�
Cuando se habla de que un dirigente, un cuadro, es d�bil, es porque no
sabe apelar al trabajador, no sabe se�alarle cualquier debilidad o cualquier
fallo.�
y ser�amos unos ilusos si crey�ramos que podr�amos
avanzar, que podr�amos llegar a constituir un pueblo moderno, un pueblo que
marchara hacia adelante, sin que constantemente se acudiera a la apelaci�n, al
reclamo que se debe hacer a cada hombre en su puesto.�
Los cuadros tienen el deber de se�alar a cada
trabajador cada vez que cometan una falla, pedirle.� Porque hay algo esencial en el hombre, algo
que puede mucho m�s que cualquier otro resorte, algo que puede ser capaz de
mucho m�s de lo que pod�a en el pasado el hambre, la amenaza de desempleo y de
miseria.� �Y ese factor es la propia
verg�enza del hombre!� (APLAUSOS)
Y es precisamente con ese resorte que los hombres y
los pueblos han sido capaces de realizar hechos extraordinarios:� la estimaci�n que
cada hombre tiene de s� mismo, su sentido del honor, su sentido de la dignidad,
el aprecio que siente por el concepto que los dem�s puedan tener de �l.�
Y es muy dif�cil, casi anormal, encontrarse un hombre
que realmente carezca de pundonor, de honor, de dignidad, de verg�enza.�
Y eso se ha visto muchas veces.� Y precisamente ese sentimiento es el que hace
a los combatientes, a los buenos soldados en la guerra, a los buenos guerrilleros
en la lucha.� Ese factor que hace que el
hombre sepa apreciar mucho m�s su honor que su propia vida.�
Y nosotros podr�amos decir que el deber fundamental de
los hombres que dirigen es saber apelar a esa condici�n del hombre, a ese
sentido del honor y a ese sentido de la dignidad del hombre.� Porque es el �nico resorte, la �nica fuerza,
pero por fortuna el resorte decisivo, la fuerza fundamental de los
pueblos.�
Porque a ning�n hombre le gusta y a todo hombre le
duele que se le tenga que reprochar con raz�n una falta, un fallo, un
incumplimiento del deber.� Es muy dif�cil
encontrar un solo hombre que no sienta pena, que no sienta dolor cuando con
raz�n le pueden se�alar una debilidad, una falta, una irresponsabilidad.�
Y es que muchas veces no se sabe apelar a ese
sentimiento, es que muchas veces no se sabe tocar ese resorte que nosotros
sabemos que es el resorte decisivo de la conducta del hombre, y es el �nico
resorte al que hay que apelar incesantemente.�
De esa manera a veces se conciben cambios sustanciales
en un centro de trabajo:� reducidos a
porcentajes exiguos los problemas del ausentismo en talleres que eran talleres
desorganizados, con problemas de todo tipo, con un verdadero trabajo hecho as�
a conciencia, apelando a los trabajadores, apelando a ese sentido del honor,
apelando a la verg�enza de los trabajadores.�
Se han producido cambios incre�bles en muchos puntos.�
Hay que saber criticar, lo mismo que hay que saber
estimular, alentar y mostrar el aprecio cuando el trabajador es capaz de realizar
esfuerzos superiores, esfuerzos m�ximos en el cumplimiento de su tarea.�
Tenemos la circunstancia de que ahora las zafras son
prolongadas.� Ha desaparecido, s�, el
�tiempo muerto�; el trabajo est� asegurado todo el a�o.� Y creemos, desde luego, que el sistema
antiguo que hab�a, y que todav�a perdura en los centrales, de un trabajo
incesante, de los tres turnos sin ning�n relevo, debe ser en un momento
determinado superado.�
De manera que existe el criterio de, cuando las
circunstancias lo permitan m�s adelante, crear un relevo en todos los
centrales, al objeto de garantizar el descanso semanal y garantizar tambi�n las
vacaciones de todos los trabajadores azucareros.�
De manera que m�s adelante, y en la medida en que se
eleve la productividad del trabajo, en la medida en que se modernicen nuestros
centrales, comprendemos la justa necesidad de que este problema se contemple y
se resuelva.�
Pero la Revoluci�n aspira en los a�os venideros no
solo a una productividad mucho m�s alta de la industria, sino tambi�n a
disponer de la fuerza de trabajo necesaria para crear el turno de relevo y aun
as� reducir el n�mero total de obreros necesarios en la industria
azucarera.�
De manera que en un futuro deberemos llegar a moler
mucha m�s ca�a, tener el turno de relevo, y a la vez ahorrar parte de la fuerza
de trabajo que hoy se requiere en una industria, donde muchos procesos son
anticuados, donde muchas m�quinas son anticuadas.�
Todo el mundo sabe que la industria azucarera antes de
la Revoluci�n, en los �ltimos 20 a�os, pr�cticamente no hab�a realizado
innovaciones de ninguna clase ni inversiones de importancia.� Y que la edad promedio de muchos de nuestros
centrales pasa de 40 a�os, y hay m�quinas, equipos, que tienen m�s de 50
a�os.� Y tenemos necesidad de ir
renovando esos equipos, y ya con motivo de la zafra de los 10 millones se ha
producido una importante renovaci�n en la industria, que naturalmente
continuar� a ritmo acelerado en los a�os futuros.�
Estos factores mencionados con relaci�n a la
agricultura y a la industria ca�era son factores decisivos en el cumplimiento
de este compromiso de los 10 millones.�
�Qu� significan para nuestro pa�s estos 10
millones?� Esta cifra, como ustedes
saben, en todo el mundo se discuti� mucho.�
Se puede decir que en el exterior del pa�s muchas personas �tal vez la
mayor�a de las personas� cre�an que nosotros no podr�amos cumplir esta meta en
1970.� Los enemigos de la Revoluci�n,
naturalmente, se encargaron de hacer creer que eso era una cosa imposible.�
De todas formas la meta era dura, era dif�cil, y
ten�amos algunos retrasos en lo que se refiere a las inversiones y
fundamentalmente en lo que se refer�a a las disponibilidades de ca�a.�
Pero no se trata aqu� solamente de una cuesti�n
pol�tica, de una cuesti�n moral, de una cuesti�n de prestigio.� Se trata de una cuesti�n econ�mica
fundamental para nuestro pa�s.� En los
�ltimos a�os el cr�dito de Cuba ha ido ampli�ndose considerablemente; ustedes
han podido ver qu� gran n�mero de equipos de distintas procedencias han estado
llegando a nuestro pa�s en estos a�os.�
�Resultado de qu�?� Resultado del
cumplimiento estricto por parte de Cuba de sus compromisos; resultado del pago
puntual de cada una de sus obligaciones financieras.
Esto, naturalmente, contribuy� mucho a derrotar el
bloqueo econ�mico contra nuestro pa�s.�
En un principio la situaci�n era tal que incluso con dinero en la mano a
nuestro pa�s le resultaba dif�cil comprar un cami�n, un buld�cer, una gr�a, un
equipo de construcci�n cualquiera, una industria; le resultaba dif�cil.� No solo eso:� en los primeros tiempos, disponiendo
de considerables cantidades de n�quel, resultaba dif�cil vender nuestro
n�quel.�
La fuerza de las presiones imperialistas se hac�a
notar, no ya para darle cr�ditos al pa�s a pagar en cuatro a�os, cinco a�os,
siete a�os, ocho a�os; para vendernos el equipo al contado muchas veces era
imposible; exportar nuestros productos se hac�a muy dif�cil.�
Sin embargo, la seriedad de nuestro pa�s, el
cumplimiento de sus obligaciones, fue abriendo brechas, de manera tal que en
los �ltimos a�os ya nuestro pa�s ha podido contar con abundantes cr�ditos a
pagar en tres a�os, a pagar en cuatro, a pagar en cinco, e incluso ya hemos
llegado a obtener cr�ditos hasta por ocho a�os.�
La mayor parte de los barcos de nuestra creciente flota mercante, al
igual que nuestra creciente flota pesquera, han podido ser adquiridos gracias a
esos cr�ditos (APLAUSOS).� Los miles de
camiones, buld�ceres, y equipos de construcci�n de presas, de caminos, de
carreteras, de drenaje, para el desarrollo agropecuario del pa�s, los sistemas
de riego, han podido ser adquiridos gracias a esos cr�ditos, incluso cuando
nuestra producci�n azucarera era de 5 millones o cinco millones y medio,
incluso cuando el precio del az�car estaba a 1,40 o a 1,50.�
Nuestro pa�s ten�a que hacer una administraci�n
escrupulosa de cada divisa, porque no solo se trataba de ir pagando lo que
compr�bamos sino de las nuevas necesidades.�
Porque se comprende perfectamente que un pa�s no puede desarrollarse si
no importa mucho m�s de lo que exporta durante un per�odo.� Un pa�s no puede satisfacer sus necesidades
elementales de alimentaci�n, vestido, calzado, educaci�n, medicinas, y a la vez
las enormes inversiones que tiene que hacer para el desarrollo, si no hay
confianza en ese pa�s, si no dispone de recursos externos.� Porque para cada f�brica, cada
termoel�ctrica, cada industria, cada equipo��������� �indispensables para el desarrollo de
un pa�s subdesarrollado, y de veras subdesarrollado, que no ten�a m�s que una
industria ca�era anticuada y unas pocas f�bricas transformadoras de materias
primas�, un pa�s en esas condiciones necesita hacer grandes inversiones.�
Y as�, con ese cr�dito no solo se adquirieron equipos
para el desarrollo agr�cola sino tambi�n para el desarrollo industrial.� La planta de fertilizantes de Cienfuegos, por
ejemplo, una planta que cuesta aproximadamente unos 40 millones de d�lares en
divisas, se ha podido adquirir y a fines del pr�ximo a�o estar� terminada, con
una capacidad de casi medio mill�n de toneladas de fertilizantes �tan
indispensable para la producci�n agr�cola� gracias a la solidez del cr�dito y
la seriedad de la Revoluci�n.�
Nuestro n�quel ya hoy d�a se vende f�cilmente, a pesar
de todas las presiones imperialistas, que llegaba a amenazar a cualquier
industria europea que adquiriera n�quel a Cuba con no comprarle metales, con no
comprarle equipos producidos con ese n�quel.�
Y as�, cada vez que nuestro pa�s estaba pr�ximo a concertar una operaci�n
de venta de n�quel llegaban las presiones, y como naturalmente Estados Unidos
es un importante mercado para muchas industrias europeas, se ve�an compelidos a
renunciar a la adquisici�n de nuestro n�quel.�
Y actualmente nuestro n�quel no solamente se compra sino que es
altamente demandado.� Y en estos �ltimos
tiempos, con motivo de la carest�a del n�quel, de la falta de n�quel en el
mercado, en ocasiones la tonelada de n�quel cubano ha llegado a adquirir valor
superior a los 10 000 d�lares por tonelada.�
Nuestro pa�s, sin embargo, tiene enormes reservas de
n�quel.� Si nuestro pa�s dispusiera de
instalaciones industriales podr�a elevar su producci�n de n�quel a .100 000
toneladas, a 120 000 toneladas por a�o.�
�Ah!, pero para desarrollar esos recursos minerales el
pa�s necesita instalaciones, el pa�s necesita inversiones.� Y son inversiones costosas.� Si se va a hacer una f�brica de n�quel se
tarda dos a�os, tres a�os, cuatro a�os, construy�ndola; cuatro a�os importando
m�quinas y realizando trabajos antes de que se venda una sola onza de n�quel.�
Las inversiones que nuestro pa�s debe hacer en todas
las ramas de la industria en los pr�ximos a�os son considerables, son
cuantiosas.� En la industria minera, en
la industria energ�tica, nuevas refiner�as de petr�leo que demandan las
necesidades de la econom�a, nuevas capacidades el�ctricas, nuevas capacidades
en la industria de la construcci�n, nuevas capacidades en la producci�n de
n�quel y otros minerales.� Necesita
nuestro pa�s resolver muchos problemas, no solo con las industrias b�sicas como
esta mencionada o como la petroqu�mica, incluidos los fertilizantes, sino la
producci�n de maquinaria agr�cola, de combinadas, la producci�n de materias
primas fundamentales, e incluso la producci�n de acero, para lo cual disponemos
de toda la materia prima, y que lo que necesitamos es t�cnica, es decir,
t�cnicos e instalaciones industriales.�
Pero no solo las industrias b�sicas, sino tambi�n
nuestra industria ligera:�
es necesario ampliar las capacidades de producci�n de tejidos
considerablemente; las capacidades de producci�n de calzado.� Nuestra industria ligera tiene enormes
necesidades de inversiones en todos los �rdenes.� Como la industria alimenticia:� en molinos
arroceros, en complejos industriales lecheros para poder procesar toda la leche
que va a disponer nuestro pa�s en los pr�ximos a�os.�
Y todo eso requiere de grandes inversiones, y esas
inversiones solo es posible realizarlas a base de la seriedad del pa�s, del
cr�dito con que cuente nuestro pa�s, que deber� invertir en los pr�ximos 10
a�os no solo decenas de millones sino miles de millones en la industria, en el
desarrollo industrial, que va a adquirir un ritmo serio en los pr�ximos
a�os.�
Para lograr eso, es conocida la cantidad de centros de
acopio que tenemos que hacer; es conocida la cantidad de buld�ceres que debemos
importar, y de combinadas a construir, para liberar la fuerza de trabajo, la
enorme fuerza de trabajo que se emplea hoy en la ca�a, que todav�a cortamos por
m�todos primitivos.�
Todo nuestro pueblo debe saber lo que significan, lo
que importan, en un destino que no es lejano, en un desarrollo que est� a
nuestras puertas, en los pr�ximos 10 a�os, las necesidades financieras y
econ�micas de nuestro pa�s.� Y esas
necesidades solo se pueden satisfacer en la medida en que el mundo tenga
confianza en nuestro pa�s.�
Por eso nosotros estamos absolutamente seguros de que
esta es una prueba decisiva, de que esta es una batalla decisiva para el
porvenir de nuestro pueblo, de que esta es una batalla hist�rica.� Porque esta zafra de los 10 millones abrir�
la confianza hacia el pa�s absolutamente, abrir� de par en par las puertas del
cr�dito a nuestro pa�s, consolidar� toda la confianza de los que han concedido
los cr�ditos a Cuba.�
Y si en circunstancias dif�ciles, en medio del bloqueo
y con producciones todav�a relativamente peque�as, nos fuimos abriendo paso,
hemos conquistado la posici�n que tenemos hoy, �qu� no ser� en el momento en
que se demuestre que s�, que nuestra econom�a puede, que nuestro pueblo es
capaz de realizar una proeza en el orden econ�mico que la inmensa mayor�a
consideraba imposible?�
Porque frente al hecho, frente a las cifras, ya no
habr� rezago de dudas, ya no habr� argumentaci�n, ya no habr� manera de detener
la ilimitada confianza en el proceso revolucionario de nuestro pa�s, ya no
habr� manera de detener la avalancha tremenda de recursos que tendremos a
nuestra disposici�n.� Porque nuestro pa�s
tiene recursos naturales importantes y puede desarrollar no solo la agricultura
�que avanza r�pidamente a convertirse en una de las m�s productivas, de las de
m�s r�pido desarrollo y de las m�s modernas del mundo�, sino tambi�n en el
campo de la industria, en ramas que son esenciales para el desarrollo, la
consolidaci�n y el bienestar de nuestro pueblo.�
He hecho esta larga referencia a tal circunstancia
porque es necesario que cada trabajador, cada cubano sopese y eval�e todos
estos hechos, sopese la importancia que tienen los 10 millones.�
Desde luego que se ha producido un fen�meno
psicol�gico, un estado incre�ble de inter�s y de entusiasmo por los 10
millones, de disposici�n a participar en esta batalla hist�rica.� Ese es un fen�meno psicol�gico.�
Hay que decir que en estos momentos el problema no es
saber qui�n est� dispuesto a ir a participar en la zafra; que en estos momentos
el problema fundamental es precisar con toda exactitud qui�nes no pueden ir de
ninguna manera (APLAUSOS).�
En este momento los problemas que tienen los
organismos, las f�bricas, los centros de trabajo, es c�mo frenar la
presi�n.� Y no hay sitio del pa�s,
ciertamente, donde ese problema no se haya presentado.�
Ya se est� empezando a plantear la cuesti�n de a
qui�nes hay que prohibir que participen en la zafra de los 10 millones, a
qui�nes debemos prohibirles, porque si se dejan llevar por su entusiasmo, su
deseo de participar, puedan descuidar otras tareas muy importantes.� Digamos������
�ejemplo� orde�adores, inseminadores, para poner dos casos nada m�s
entre las decenas que se pueden mencionar.�
Infinidad de trabajadores en muchos frentes, que quieren de todas formas
participar en la zafra.�
Puede decirse que nadie, ning�n revolucionario quiere
dejar de participar.� Y muchos dicen que
cuando les pregunten en el futuro:� ��Qu� hizo en la zafra de los 10
millones?�, qu� va a responder si no lo dejan participar en la zafra de los 10
millones (APLAUSOS PROLONGADOS).�
Este es un hecho formidable, magn�fico.� Puede decirse de veras que nunca como hoy
hubo en las masas tal disposici�n de lucha y de trabajo, nunca como hoy en las
masas hubo tan seria disposici�n.� Y ese
esfuerzo, que en los primeros tiempos de la Revoluci�n era de unos pocos, que
fue creciendo en algunos casos a veces fr�volamente la cuesti�n de
participaci�n en las actividades productivas, es hoy un fen�meno de masas, es
hoy algo realmente admirable, porque ya es la disposici�n seria, no la
disposici�n festiva, no hacer lo que hacen los dem�s.� �Es una disposici�n profunda y
consciente!� Eso crea circunstancias subjetivas
muy favorables al �xito de esta batalla.�
Es imposible que un ej�rcito que est� consciente de lo
que hace y tenga deseos de combatir en serio, no tenga ya de por s� �por esas
circunstancias� todas las posibilidades de victoria.� �Y esa es la situaci�n de las masas!�
A los dirigentes les corresponde dirigir ese ej�rcito de
manera inteligente, de manera acertada, en el transcurso de esa batalla.�
Debemos tener presente de que no es solo la zafra de
los 10 millones.� Otros important�simos
planes est�n en marcha.� Y tenemos un
ejemplo ya mencionado, como el caso del arroz, de manera que las cantidades que
se pensaban producir en arroz en el a�o 1973, ya en 1970 se producir�
el doble de esas cantidades.� �En arroz
estamos adelantados como tres o cuatro a�os!�
(APLAUSOS.)
Y si en esta primavera se sembraron 7 000 caballer�as,
en la pr�xima primavera, la de 1970, en el transcurso de 1970, de la primavera
de 1970 se sembrar� m�s del doble que ese n�mero de caballer�as de arroz
(APLAUSOS).�
Y los rendimientos que ya se est�n obteniendo son
formidables, al extremo que nos crean ya el problema industrial, �nos crean el
problema industrial!� Ya la cosecha de
esas 7 000 caballer�as a fines de a�o, pero con c�scara...� Si no fuera as�, ya podr�a aumentarse de
inmediato, desde el mes de diciembre, considerablemente la cuota de arroz.� Pero es arroz con c�scara, que se descascara
en el transcurso de un a�o porque ya las capacidades industriales est�n por
debajo.�
Significa que no vamos a dar marcha atr�s, pero que
debemos en el pr�ximo a�o enfrentar un problema de instalaciones no solo de
secaderos �que ya fue serio�, sino de molinos para procesar toda esa
cosecha.� Y ya el a�o que viene tenemos
todo el arroz de variedades nuevas, de variedades de m�s rendimiento, y no
vamos ahora a retroceder sino afrontar los problemas consecuentes de desarrollar
las capacidades industriales para �molinar� todo el arroz hasta satisfacer a
plenitud todas las necesidades.� Y como
adem�s sobrar�, sobrar� arroz...� Y esto
va a ser otra de las cosas que va a costar trabajo creer en el exterior:� que a este pa�s en
1971 le sobre el arroz, le sobren algunos cientos de miles de toneladas de
arroz (APLAUSOS); ya con la cosecha de 1970, no con la cosecha de 1971, sino
con lo que se recoja ya de la siembra de primavera del pr�ximo a�o.� Esos trabajos est�n muy adelantados, las
maquinarias aseguradas, en las obras hidr�ulicas se trabaja
intensamente, y se ha logrado darle un impulso a ese cultivo tremendo.�
Esto implica las tareas, las actividades a realizar en
el pr�ximo a�o.�
De la misma manera, el pr�ximo a�o habr� que darle un
impulso decisivo a la ganader�a.� Y
debemos tratar de sembrar no menos de�������
20 000 caballer�as de pasto el pr�ximo a�o para poder satisfacer las
necesidades de la masa creciente de nuestro ganado, de alimento en cantidad y
calidad.� Y tenemos que dar el pr�ximo
a�o un golpe decisivo en la siembra de pasto, junto con la de arroz.�
Y parejamente otro cultivo se desarrolla:� la siembra de c�tricos, por ejemplo, que no
ha adquirido todav�a toda su fuerza, ya en este a�o equivale a una siembra
igual a todos los c�tricos que se sembraron desde 1900 hasta ahora.�
Es decir, en este solo a�o v�spera de 1970 los
c�tricos que se siembran son una cantidad de caballer�as igual a todas las que
se hab�an sembrado en 68 a�os.� Y todav�a
no ha alcanzado todo el ritmo, porque, l�gicamente, fue priorizada la
ca�a.�
Eso no impidi� trabajar en el arroz, no impidi�
trabajar en el c�trico, no ha impedido los trabajos serios que se han estado
haciendo ya en las viandas y en los vegetales con vistas a disponer en
abundancia de todos esos productos el pr�ximo a�o.
Hay una serie de tareas en la agricultura muy
importantes.� Tenemos, por ejemplo, con
la misma agricultura ca�era el problema del cultivo, la fertilizaci�n de las
ca�as para 1971.� Es el caso de que no
podemos ya pensar solo en el a�o 1970, hay que pensar en el a�o 1971, hay que
pensar en la zafra de 1971 en que no debemos dejar caer la producci�n.
Si ya disponemos de algo m�s de 110 000 caballer�as
para la zafra de 1970, en 1971 no dispondremos de las mismas cantidades de
ca�as nuevas �que ustedes saben lo que rinden esas ca�as nuevas de fr�o�, pero
dispondremos de unas 7 000 caballer�as m�s en 1971 que en 1970.� El 1969 fue un buen a�o de lluvias.� Por eso puede venir m�s seco el 1970.� La cuesti�n del cultivo es decisiva.� El cultivo con las m�quinas �Herrera�.
Hemos tenido problemas y todav�a tenemos problemas con
esas m�quinas cultivadoras.� Ahora, se ha
demostrado que caballer�as que este a�o se pudieron cultivar con la �Herrera�,
relacionadas con otras caballer�as que no pudieron recibir ese tipo de trabajo,
ya hab�a 20 000 arrobas m�s por caballer�a.
De manera que nosotros para 1971 con 117 000
caballer�as aproximadamente, el uso masivo de las m�quinas cultivadoras
�Herrera�, que tienen el problema del desgaste de los discos, problema no
totalmente resuelto...� Pero se est�n
adquiriendo todos los discos necesarios para que se fertilice y cultive con
esas m�quinas el m�ximo de la ca�a.� Y
cuando no se pueda con las cultivadoras �Herrera�, con los arados peruanos y
otros tipos de equipos.
Quiero sencillamente enfatizar la importancia del
cultivo de la ca�a en 1970, y luego de la aplicaci�n de los herbicidas.
Enemigo n�mero uno de la ca�a es la hierba.� La hierba puede reducir una caballer�a de
ca�a de 150 000 arrobas que habr�a podido dar perfectamente, a 70 000, a 80
000, a 50 000, e incluso perderse.�
Dispondremos afortunadamente el pr�ximo a�o de
herbicidas para todas las ca�as, desde el mes de enero (APLAUSOS).�
De manera que tendremos en 1970 factores a nuestro
favor:� el
herbicida.� Con un reducido n�mero de
trabajadores resolver el problema de las hierbas.� Y con eso, con un cultivo mejor, subsolando
el suelo, enterrando el fertilizante, con la ampliaci�n de las �reas de
regad�o, no debe bajar de los 10 millones nuestra producci�n azucarera.�
�No se trata de conquistar en 1970 los 10 millones,
sino de mantenerlos!� (APLAUSOS.)
Dispondremos ya en 1971 de m�s combinadas.� Hay un programa para construir 300 centros de
acopio para 1971 y construir 300 por a�o.�
Van a ir delante de las combinadas incluso los centros de acopio, que ya
permiten una elevaci�n de la productividad.�
Pero hay que trabajar muy serio en la construcci�n de esos centros de
acopio y su montaje el pr�ximo a�o; en las construcciones de combinadas.�
Voy se�alando estos hechos indicativos de la actividad
a realizar en 1970 adem�s de la zafra.�
Porque tenemos que ir decididamente a elevar la productividad en la
agricultura ca�era, condici�n indispensable para el ulterior desarrollo del
pa�s.�
Y un programa tambi�n de combinadas y de centros de
acopio para 1972, ya listo para emplearlo en la zafra de 1972.� En 1973, de ser posible, ya tener todos los
centrales con centros de acopio.� Es
decir que nosotros debemos conquistar esta posici�n y mantenerla.� Y de ah� en adelante en los pr�ximos 10 a�os
ir�n ampliaciones de centrales, incremento de la productividad en ca�a.�
De manera que en los pr�ximos 10 a�os volveremos a
duplicar la cantidad de ca�a.� No decimos
de az�car porque, como explic�bamos en la ciudad de Santa Clara, una gran parte
de esa ca�a ser� para producciones de miel para la alimentaci�n del ganado:� ca�a que
produciremos en una superficie aproximadamente igual, solo un poco mayor de la
superficie que hoy tenemos destinada a ca�a para la zafra de 1970.� Hay que trabajar en otra serie de servicios,
de frentes, actividades importantes.�
Se�alo esto, porque aunque resulte doloroso habr�
muchos trabajadores que tendr�n que contribuir a esta batalla trabajando en
otros frentes.� Hay algunos servicios
fundamentales que no pueden abandonarse, hay algunas producciones fundamentales
que no pueden descuidarse:�
producciones de tejidos, producciones de medicina, producciones
de materia prima.�
Esto significa que nosotros debemos saber priorizar
cada una de las actividades.� Es
necesario que los compa�eros que tienen cargos de responsabilidad en la
econom�a sepan bien qu� actividad no debe sufrir detrimento alguno, qu�
actividad puede esperar.� En las
movilizaciones de recursos y de fuerza, o en la actitud con relaci�n a los
obreros que quieren de todas maneras participar en la zafra, conocer
perfectamente bien que hay actividades que por el servicio que prestan, por la
producci�n que realizan, por la importancia que tienen para el desarrollo del
pa�s, no deben descuidarse.�
No se trata de ganar esta batalla de cualquier forma
sino de manera inteligente, no se trata de ganar esta batalla perdiendo otra:� se trata de ganar
esta batalla, avanzar en la ca�a y mantener el esfuerzo en los dem�s frentes
que se consideren importantes.�
De manera que cada trabajador en su puesto, que aunque
en ocasiones no sea en el campo de ca�a, estar� contribuyendo a esta
batalla.�
Las fuerzas que ya se han considerado movilizadas son
grandes.� Nosotros creemos que para el
mes de marzo habr� aproximadamente unos 350 000 hombres al campo, �trescientos
cincuenta mil hombres!�
Debemos decir que por una serie de causas:� organizaci�n unas
veces, direcci�n deficiente otras, problemas de alzadoras, transporte, e
incluso falta de profundizaci�n en el esp�ritu de muchos de nuestros
trabajadores, de profundizaci�n en la importancia que tiene la agricultura
ca�era y la importancia que tiene el trabajo para nuestro pa�s en estos a�os,
los rendimientos de ca�a diarios, de corte de ca�a, han sido bajos, �han sido
bajos!�
Debemos se�alar que ya pr�cticamente casi el ciento
por ciento de la ca�a se alza con m�quinas; es decir, que ya nuestros
trabajadores no tienen que realizar esa tarea de cortar y adem�s alzar.� Debemos se�alar que ya no hay ning�n
campesino y ning�n obrero agr�cola que tenga que estar 15, 16 � 17 horas en el
ca�averal para cortar y alzar; es decir, que muchas m�quinas han venido en
ayuda de ese trabajo.� No est� mecanizado
el corte, pero el alza est� casi toda mecanizada.�
Y cuando se examinan los rendimientos de corte,
realmente son rendimientos bajos.� Hay
que decir, adem�s, que los c�lculos se han hecho con promedios de corte de ca�a
relativamente bajos para esta zafra.�
Nosotros creemos realmente que 200 000 hombres al
campo, trabajando ocho horas, �ocho horas!, cortan la ca�a necesaria para la
zafra de los 10 millones.�
Claro est�, no todos tienen la misma capacidad
productiva, no todos tienen la misma experiencia, la misma habilidad.� En esa fuerza mencionada hay compa�eros
j�venes o compa�eros que no hab�an cortado ca�a, estudiantes; en fin, personas
que por primera vez se enfrentan a la tarea.�
Pero los que cortan ca�a saben lo que un hombre puede
cortar en cuatro horas, lo que un hombre puede cortar en una hora y lo que un
hombre puede cortar en ocho horas, un hombre medio; no hablemos de esos supercortadores de ca�a.�
Hay una brigada del MINFAR que en Oriente promedi� en
el mes de agosto a m�s de 800 arrobas por d�a, cortando para centro de acopio.�
Si se tiene en cuenta el calor de esa provincia y el
mes, hay que decir que esos compa�eros est�n especialmente dotados de una
resistencia f�sica, de una resistencia al calor tremenda.� Bien, no se trata de esos cortadores.�
Hay muchas brigadas de cortadores que demuestran lo
que un hombre es capaz de hacer trabajando organizadamente, con entusiasmo, con
seriedad, proponi�ndose un esfuerzo serio:� las brigadas millonarias.� En muchos casos esos hombres cortan ocho
veces la norma de otro hombre.�
Pero se podr�a afirmar que realmente, en cuatro horas,
un cortador medio, trabajando, puede cortar 120 arrobas, en ca�a con algunas
dificultades; un cortador medio puede cortar 120 arrobas.� Se puede afirmar que cualquier cortador medio
en ocho horas puede cortar 200 arrobas, se puede afirmar.� Incluso, algunos cortadores al principio no
lo logran, no lo logran en los primeros 10 d�as, 15 d�as; al mes lo puede
lograr, un cortador medio.� Claro est�
que es necesario ir al campo a cortar.�
Haya veces algunos tipos de cortadores que nosotros
suponemos pasan m�s trabajo para cortar 50 arrobas de lo que pasar�an para
cortar 150 arrobas, porque para cortar 50 arrobas en un d�a, incluso en una
ma�ana, hay que estar inventando cosas para no cortar en el ca�averal,
�inventando cosas para no cortar!�
(APLAUSOS.)
Hay cortadores que se les despierta el deseo de
conversar en el momento del corte.�
Podr�amos decir que el silencio cuando se corta ca�a
es una buena medida de la aplicaci�n al corte de ca�a.� Hablando gastan energ�as, aire, rompen el
ritmo de respiraci�n, e incluso gastan m�s saliva de la cuenta.�
Hay cortadores que buscando la lima caminan 300
metros; a veces se pierden las limas, nunca acaba de aparecer un responsable de
una lima.�
Y as�, muchas veces se mata el tiempo y se
pierde.�
No vale la pena hacer el sacrificio de ir al campo
para hacer eso, �no vale realmente la pena!�
Carece de sentido ese tipo de actividad.�
Y as� tenemos, desde luego, los extremos:� el que habla mucho
y corta poco y el que corta 400, 500 y 700 arrobas.� Las diferencias son incre�bles.�
Y es muy dif�cil que se pueda decir que un hombre es
diez veces m�s fuerte que otro, o veinte veces m�s fuerte que otro.� Nadie estar�a dispuesto a admitir que otro es
diez veces m�s fuerte que �l, m�s resistente, m�s saludable, suponi�ndolos en
condiciones normales de salud.� Puede
haber alguien que diga:�
�Bueno, dos veces m�s, tres veces m�s.� Pero no puede decir diez,
veinte veces.�
El corte de ca�a es, sin duda, un tipo de trabajo
duro, es mon�tono.� Pero si se va al
corte de ca�a pensando en eso y no pensando en lo que significa, pensando que
ese es precisamente el camino de liberarnos de ese corte casi esclavista, ese
tipo de trabajo duro; si no se comprende la profundidad, el sentido de la
importancia que tiene cada machetazo que se da, cada ca�a que se corta, sobre
todo en estos instantes, entonces se puede explicar que se haga la tonter�a de
ir a un ca�averal para no cortar.�
Claro est� que hay muchos factores que inciden en el
corte: �la
organizaci�n, el alza; cuando falla el transporte, cuando falla el alza, cuando
falla todo eso.�
De manera que nosotros creemos que hay las condiciones
psicol�gicas y las condiciones subjetivas para esperar que cada machetero eleve
su promedio.�
Por encima de los hombres que se han movilizado �y ya
las movilizaciones son fuertes�, por encima de esas cifras, se afectan otras
actividades muy importantes.� Y realmente
no debemos pensar en multiplicar el n�mero de hombres, sino fundamentalmente en
multiplicar el ritmo de los brazos que van a cortar ca�a (APLAUSOS).�
Nuestra reserva principal en esta zafra, nuestra
reserva fundamental mayor es precisamente el incremento de la productividad del
machetero.�
Nosotros sabemos, por ejemplo, lo que significan 10
arrobas m�s, 20 arrobas m�s.� Si 300 000
hombres cortan 20 arrobas m�s, equivale a�����
60 000 hombres cortando 100 arrobas.�
Pero no se trata solo de los 60 000 hombres, sino que 60 000 hombres al
campo significan 80 000 en la zafra, m�s los servicios, transportaciones de
todo tipo que hay que hacer con esos 80 000 hombres.� La fuerza m�s econ�mica, m�s �til a movilizar
son los recursos potenciales que hay en el hombre.�
No se trata de pedirle a nadie lo que no puede
f�sicamente hacer:� se
trata de pedir lo que puede realmente f�sicamente hacer, sin esfuerzos
extraordinarios.� No se piden esfuerzos
extraordinarios:� se
piden, pr�cticamente, esfuerzos normales.�
Y debemos lograr a toda costa los incrementos de
productividad.� Esta batalla de la zafra
tiene que ser una lucha, una ofensiva, cuyo ritmo aumente incesantemente.� �Que no se detenga, que no se estanque!�
Desde el primer d�a de zafra, d�a por d�a, mes por
mes, debemos ir incrementando sostenidamente el ritmo de corte, el ritmo de
ca�a molida, para llegar a un cl�max ya en el mes de febrero.� Ya desde febrero tener al tope todos los
centrales:� aprovechar
al m�ximo febrero, marzo, abril:�
adelantarnos en lo posible a las lluvias.� Es decir, una ofensiva que se detenga, una
ofensiva que flaquee, fracasa.�
Nadie corta el primer d�a m�s que a los 15 d�as.� Pero, sin duda, d�a por d�a se puede cortar
m�s:� una arroba
m�s por d�a.�
Alguien que un primer d�a cortara 80 arrobas y se
propusiera cortar una arroba m�s por d�a ��una sola!,
no se le pide que sea un Sans�n cortando ca�a sino una arrobita m�s por d�a
cuando tiene m�s experiencia, m�s entrenamiento�, a los 60 d�as estar�a
cortando 140 arrobas, a los tres meses estar�a cortando m�s del doble, con una
arroba m�s por d�a.� Y ese no es un
esfuerzo extraordinario.�
Pero cada machetero ah�, cada soldado en esa batalla
tiene que hacer todos los d�as un poco m�s de esfuerzo.� Casi, casi puede decirse que con el mismo
esfuerzo y m�s entrenamiento puede cortar una arroba m�s.�
Y las metas deben ser realmente no una consigna:� �llego hasta aqu� y
cumpl�.� No.� La meta debe ser lo que se pueda dar.� Si se se�alan 120 y se pueden cortar 130,
cortar 130.� Piensen que cada hombre que
se ahorre en la ca�a ser� un hombre trabajando en el arroz, ser� un hombre trabajando
en otra rama de la agricultura y de la econom�a, en otros renglones
fundamentales de la econom�a.�
Cien mil hombres que corten una arroba m�s por d�a
significan 1 000 hombres, 300 000 hombres que corten una arroba m�s por d�a
significan� 3 000 hombres m�s por d�a
�hombres de 100 arrobas, digamos.� Es
decir que 300 000 hombres cortando una arroba m�s hacen el esfuerzo que
necesitar�an 3 000 hombres al campo; cortando 10 arrobas m�s, el equivalente de
30 000 hombres al campo.� Un peque�o
esfuerzo de cada uno de los que ya hacen un sacrificio grande con marchar all�
a los ca�averales.�
De manera que ese es nuestro recurso fundamental.�
Con esta zafra que se inicia tendremos un per�odo de
trabajo largo.
Tenemos las tradicionales fechas de fines de a�o:� la Nochebuena, el
A�o Nuevo, el 2 de Enero.� �D�nde debemos
estar el d�a 24 de diciembre?�
(EXCLAMACIONES DE:�
��En la ca�a!�)� �En la
ca�a!�
�D�nde debemos estar el d�a Primero de Enero?� (EXCLAMACIONES DE:� ��En la ca�a!�)� �D�nde debemos estar el d�a 2 de enero,
conmemorando el aniversario de la Revoluci�n?�
(EXCLAMACIONES DE:�
��En la ca�a!�) �En la ca�a!�
(APLAUSOS PROLONGADOS)
�Y esa s� que ser� una verdadera conmemoraci�n!� �Ese s� que ser� un recuerdo digno de los que
han luchado y han caldo por esta causa!�
�Ese si ser� un avance de la conciencia!�
�Y por qu�?�
�Acaso porque no nos gustar�a celebrar de otra forma esa fecha, con
fiestas, con concentraciones?� �Acaso
porque no nos gustar�a conmemorar las fiestas tradicionales?� �No!, sino porque la necesidad nos impone esa
actividad, la necesidad nos impone ese deber.�
Si interrumpimos ese descomunal esfuerzo, si
interrumpimos la ofensiva en esos d�as, corremos el riesgo de perder la
batalla.�
Y por eso, de los centrales que est�n moliendo, el d�a
de m�xima raz�n de molida debe ser el d�a 25, cuando todos se den cita all� en
los ca�averales, el 23, el 24.� Y el d�a
de m�xima raz�n de molida de todos los centrales en enero debe ser el d�a 2,
cuando el d�a 1ro todo el mundo se haya dado cita all� el d�a 31 todo el mundo
se haya dado cita en los ca�averales (APLAUSOS).�
�Es que acaso no tendremos fiestas?� �Es que acaso no tendremos
celebraciones?� �S�, las tendremos
despu�s de la zafra!� �Las tendremos en julio
con los 10 millones!� (APLAUSOS.)
Guardaremos el lech�n para julio, guardaremos los
frijoles de Nochebuena para julio, guardaremos los turrones para julio.� Y guardaremos las dem�s cosas para julio, es
decir, el Bacard�, el co�ac, la cerveza y todas las cosas que sean necesarias
(APLAUSOS).�
Hay obreros que han trabajado sin descanso en estos
a�os, haciendo caminos, presas, haciendo innumerables actividades, con la zafra
por delante.� No quiere decir que el
trabajo termine, que no nos esperen otras muchas grandes tareas.� Pero el momento l�gico, el momento adecuado
para hacer un alto ser� una vez ganada esta batalla de los 10 millones.�
Entonces s� tendremos un formidable 26 de Julio.� Entonces s� tendremos fiesta en Santiago y en
todos los pueblos.� Y entonces s�
tendremos carnavales y tendremos de todo en el mes de julio (APLAUSOS).� Y tendremos fiestas en todos los pueblos y en
todos los centrales azucareros y en todas las granjas.�
Y sin duda, cuando ese momento llegue, con la l�gica y
natural satisfacci�n y alegr�a de todo el pueblo, ser�n sin duda de las fiestas
m�s felices que hayamos tenido nunca en nuestro pa�s (APLAUSOS).�
De manera que, por delante, una zafra prolongada, un
trabajo arduo, un trabajo serio, un trabajo responsable.� Conscientes de lo que significa para nuestro
pueblo.�
No tenemos la menor duda de que mucha gente estar�
pendiente de Cuba en el mundo entero.� No
tenemos la menor duda de que mucha gente estar� atenta a este compromiso, a
este reto hist�rico.� No tenemos duda de
que mucha gente estar� atenta para saber cu�l es la capacidad de nuestro pueblo
para lograr estos avances.� Como no
tenemos la menor duda de que los enemigos de la Revoluci�n, los imperialistas,
estar�n tambi�n muy pendientes y muy preocupados.�
Al imperialismo le hemos infligido muchas derrotas:� la Revoluci�n; la
consolidaci�n de la Revoluci�n; la resistencia a sus agresiones, a sus
bloqueos; Gir�n y otros muchos episodios.�
Pero sin duda de ninguna clase que ninguno de los �xitos logrados por la
Revoluci�n, ninguna de las victorias les doler� tanto, les preocupar� tanto
como esta victoria, porque ellos se lo apostaron todo al fracaso de nuestro
pueblo.� Ellos se lo apostaron todo a
que, habi�ndose marchado los latifundistas, las compa��as y los genios del
capitalismo, no podr�amos ganar esta batalla; que nunca ser�amos capaces de
manejar esos centrales y esas tierras, y producir ca�a para 10 millones y
cortarla y molerla.� Se lo jugaron
todo.� Cre�an en la superioridad de su
sistema, de su sistema ego�sta que esclaviza y explota al hombre, de su sistema
ego�sta que obliga al hombre a trabajar so pena de hambre, de miseria e incluso
de la muerte.�
Los reaccionarios se han apostado mucho para
desacreditar a las revoluciones, para desprestigiar a los movimientos
populares.� Se lo apostaron todo a que
las masas de los trabajadores humildes de este pa�s, de los campesinos, de los
j�venes de este pa�s, no podr�an llevar adelante la econom�a, no podr�an llevar
adelante la Revoluci�n.�
No creemos que lo �nico meritorio, dif�cil que haya
hecho la Revoluci�n, sean los 10 millones, �no!�
La batalla ideol�gica contra el imperialismo; la desaparici�n de los
prejuicios; hacer astillas todas las mentiras reaccionarias del imperialismo y
de los explotadores; resistir sus bloqueos econ�micos, sus campa�as, sus
acosamientos; resistir sus agresiones, fue un m�rito de no poca
consideraci�n.� Pero a la Revoluci�n le
faltaba esta otra prueba, decisiva para hoy, decisiva para ma�ana.�
Y nosotros estamos seguros de que los 10 millones
tendr�n m�s resonancia en el mundo con relaci�n a la Revoluci�n cubana, que la resonancia que haya
tenido cualquier otro hecho de la Revoluci�n en estos a�os.�
Con serenidad, con seguridad y con confianza,
libraremos esta batalla final.� Con la
inmensa satisfacci�n de ver a un pueblo en la actitud en que est� nuestro
pueblo hoy.� Con la inmensa satisfacci�n
de ver el estado de �nimo de las masas, la disposici�n de lucha y de
trabajo.� �Con la inmensa satisfacci�n de
que esta batalla ser� por encima de todo un triunfo de la ideolog�a, un triunfo
de la conciencia, un triunfo de las ideas m�s revolucionarias de nuestro
pueblo!�
Cuando hace algunos minutos se�al�bamos este hecho,
los factores subjetivos, la actitud de nuestro pueblo, no podr�a menos que
dedicar un segundo de nuestro pensamiento a quienes lucharon y se sacrificaron
por esto.�
Hemos tenido el privilegio de llegar a esta zafra,
hemos tenido el privilegio de llegar a esta batalla.�
En el pasado, cuando se hablaba de los m�ritos de los
ciudadanos, se hablaba de las actividades que desempe�� en una �poca u otra:� de sus m�ritos
contra�dos con la patria en la lucha guerrillera, en la lucha por la conquista
del poder, en la lucha contra el imperialismo, en las luchas en Gir�n, en las
luchas en el Escambray, en las luchas por el desarrollo.� Todas esas fueron p�ginas gloriosas y
episodios hist�ricos.�
Ahora, en lo adelante, en el futuro, esta batalla,
esta hist�rica zafra ser� tambi�n un punto de referencia para los j�venes y
para todo nuestro pueblo.� Y comenzar� a
ser un important�simo m�rito en nuestro pa�s, un important�simo m�rito
hist�rico, un important�simo m�rito para las generaciones venideras, este
esfuerzo de hoy:� la
participaci�n de cada uno de ustedes, la participaci�n de nuestro pueblo, o en
el frente de la ca�a, o en el aseguramiento de la zafra, o en las dem�s
actividades que consoliden el desarrollo de nuestro pa�s y consoliden nuestra
Revoluci�n.� Ser� sin duda algo que
pasar� a la historia de nuestro pa�s.
Y por eso es justo que recordemos a los que hicieron
posible esto, a los que hicieron posible llegar a este combate, participar en
este hist�rico acontecimiento, y que dieron su vida a lo largo de esta lucha, a
lo largo de estos a�os, combatiendo en la clandestinidad o en las monta�as,
combatiendo contra mercenarios, contra saboteadores, luchando.� Y a los que dieron su vida no solo en el
combate con un arma en la mano, sino a los que la dieron en el trabajo.� Que recordemos tambi�n a numerosos compa�eros
que, montando una industria, construyendo un central, perdieron su vida; o
construyendo una presa, o construyendo una carretera, en los accidentes del
trabajo.� �Esos h�roes an�nimos tambi�n,
que dieron su vida y su sangre por el porvenir de nuestro pa�s!� (APLAUSOS)
Y que recordemos especialmente a alguien que sin duda
en un instante como hoy, en un momento como este, ante una actitud como esta,
ser�a el m�s feliz de todos los revolucionarios, porque fue el que m�s predic�,
el que m�s insisti�, el pionero, el abanderado de este tipo de trabajo, el
abanderado de esta lucha por la conciencia, por ganar la conciencia y por
llevar al pueblo de manera consciente al deber y al trabajo.� �Que recordemos en la noche de hoy, con el
m�s profundo cari�o, al Che!� (APLAUSOS
PROLONGADOS)
Pionero del trabajo voluntario, que cuando eran unas
decenas se marchaba a los ca�averales a cortar ca�a, o en una combinada, o en
los muelles con una carretilla, o en una mina, lleno de fe, lleno de confianza
en el hombre, de confianza en la conciencia del hombre, cu�nto habr�a
disfrutado �l hoy de ver al pueblo de Cuba con este estado de �nimo, con esta
disposici�n, con esta actitud de ir masivamente a librar su batalla; su batalla
decisiva en la econom�a, su batalla decisiva en el trabajo.�
�Y qui�nes har�n esta zafra en lo esencia� sino los voluntarios?� Ya hace rato que la categor�a de cortador
profesional ha ido desapareciendo, del que por razones econ�micas ten�a que ir
a cortar ca�a.� Y puede decirse ya que la
inmensa mayor�a de esta zafra de los 10 millones la har�n los voluntarios (APLAUSOS).�
�Y c�mo habr�a sido posible esta zafra sin ese
movimiento, sin esa participaci�n espont�nea del pueblo por un sentido del
deber y de la conciencia?� �C�mo
habr�amos podido ganar esta batalla?� �De
qu� otra forma?� �Con qu� promesa se
habr�a podido llevar a nadie a ese esfuerzo, como no fuera una causa, un
sentimiento, una perspectiva, un sentido de solidaridad humana; como no fuera
ese sentimiento generoso de trabajar para hoy y trabajar tambi�n para
ma�ana:� trabajar por una causa, trabajar
por una ideolog�a, trabajar por la patria?�
�C�mo habr�a sido posible de otra forma?�
�C�mo habr�a sido posible lograr esto?�
Y en este esfuerzo en que nos empe�amos de los 10
millones, duro y dif�cil, estamos ganando algo m�s que los 10 millones, que
vale m�s que esos 10 millones, que es este salto de calidad en las
conciencias.� Y hemos ganado un esp�ritu,
y hemos ganado conciencia de nuestras posibilidades, y hemos ganado
experiencia.� Todos nuestros cuadros han
profundizado en los problemas como jam�s hab�an profundizado en los procesos
industriales, como jam�s hab�an profundizado en todos los problemas de
organizaci�n, de tecnolog�a, en todas las cuestiones.� Han madurado con una gran rapidez nuestros
cuadros.�
Hay que decir que nuestro Partido se meti� de lleno en
la estructura, dej� de ser una superestructura exclusivamente, se meti� de
lleno en la esencia, en la m�dula del problema, a organizar y dirigir el
trabajo, a organizar y dirigir la lucha por el desarrollo, a organizar y
dirigir la producci�n.�
Pero no solo hemos ganado en conciencia, en calidad:� �Nos hemos
preparado para la pr�xima d�cada!� Ya no
ser� ahora, de 1970 a 1980, el pueblo nuevo, ignorante, sin experiencia, que se
lanz� al esfuerzo de estos 10 a�os, �ahora podremos lanzarnos adelante en los
pr�ximos 10 a�os con un pueblo mucho m�s experimentado, mucho m�s preparado,
mucho m�s consciente, con un pueblo mucho m�s aguerrido!�
Y si la Revoluci�n pudo salir victoriosa en estos 10
a�os pasados, �en la pr�xima d�cada con m�s raz�n podremos decir que nada ni
nadie podr� detenerla jam�s!
�Patria o Muerte!�
�Venceremos!
(OVACION)
�